¿Para quién opera la SIP?

Daniel Tort
mayo 8 /2011

Para dar una idea de que la SIP es una entidad que nuclea a empresarios de la prensa y no a periodistas basta citar, por ejemplo, que Máximo Gainza, dueño del diario “La Prensa” de Argentina, es miembro del Consejo Consultivo junto con el dueño y director del semanario “Búsqueda” de Uruguay, de confesa alineación conservadora en manos del mismo Arbilla. También acompaña a estos personajes Raúl Kraiselburd del diario “El Día” de La Plata, Argentina y a la Secretaría del Consejo Directivo la ostenta Bartolomé Mitre del diario “La Nación”, también de Argentina, junto con dos cargos paralelos como miembro del Comité Ejecutivo y de la Junta de Directores.

Personajes que pregonan la libertad de prensa pero en realidad defienden la libertad de empresas, no es para nada lo mismo.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es una organización supuestamente independiente cuyos objetivos están perfectamente determinados y pueden leerse en su página virtual (www.sipiapa.org). Entre ellos figuran las muy nobles tareas de:

  • Defender la libertad de prensa donde quiera que se impugne en las Américas
  • Proteger los intereses de la prensa en las Américas
  • Defender la dignidad, los derechos y las responsabilidades del periodismo
  • Alentar normas elevadas de profesionalismo y conducta empresarial
  • Promover el intercambio de ideas e información que contribuye al desarrollo técnico y profesional de la prensa
  • Alentar un conocimiento amplio y un mayor intercambio de información entre los pueblos de las Américas en apoyo a los principios básicos de una sociedad libre y de la libertad individual.

Lo que acabamos de transcribir podría, con una lectura superficial, llevar a confusión al lector dado que todos parecen fines muy loables, pero a poco de interiorizarnos de la realidad que impera detrás de la formalidad de sus hipotéticos principios advertimos que no todo lo que brilla es oro.

A partir de la llamada Doctrina Monroe en 1823 en los Estados Unidos, nace el denominado “panamericanismo” bajo el lema “América para los Americanos”, que rápidamente se entendería en los hechos de la historia posterior como “América para los norteamericanos”.

En el caso de Argentina experimentamos en carne propia esa realidad durante el conflicto bélico con Gran Bretaña por la recuperación de las Islas Malvinas, cuando los EE UU en vez de aplicar estrictamente el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) apoyaron lisa y llanamente a su socio imperialista.

La Quinta Conferencia Panamericana en Santiago de Chile en 1923 organizó bajo la tutela directa de EE UU la posterior conferencia en Nueva York tres años después. La fundación formal de la entidad se efectivizó posteriormente en La Habana durante la segunda guerra mundial en 1943 (dictadura de Fulgencio Batista), donde algunos sectores comunistas integraron inicialmente la misma porque los unía la lucha contra el fascismo, pero muy poco después, en 1950, y bajo la tutela de la recién creada CIA, la entidad se transformó directamente de una asociación de periodistas en una asociación de dueños de empresas periodísticas, rumbo que se mantiene intacto hasta la fecha. Para lograr esa finalidad espuria intervienen en el 5to Congreso Interamericano de Prensa en Ecuador dos agentes de alto rango de la CIA llamados Jules Dubois y Joshua Powers.

Este cambio sustancial en la dirección de la entidad quedó plasmado en todo tipo de colaboraciones de agentes de las dictaduras latinoamericanas para la entidad, tal el caso de Danilo Arbilla, un uruguayo que oficiara de Secretario de Prensa de José María Bordaberry entre 1973 y 1985, que llegó a ser presidente y en la actualidad es miembro del Consejo Consultivo. Durante su gestión como Jefe de Prensa de los dictadores redactó el famoso decreto del 27 de Junio de 1973 –en realidad un bando militar- que prohibió a todas las publicaciones de ese país llamar dictadura al gobierno de turno, que dentro del conocido Plan Cóndor secuestraba, desaparecía y asesinaba a civiles, entre ellos para que la ironía fuera perfecta, a muchos periodistas.

También fue protagonista de la tenebrosa campaña de prensa en contra del gobierno de Salvador Allende en Chile y años más tarde jugó el mismo papel para perjudicar a la revolución Sandinista en Nicaragua. En la actualidad es grosera la operación mediática llevada adelante en Cuba, Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia. En el año 2005 tuvo un fuerte entredicho con el Presidente Néstor Kirchner por el reparto de la pauta publicitaria oficial, que más allá de las razones que eventualmente pudiera haber tenido el ex colaborador de la dictadura uruguaya, es obvio que carecía y carece de toda autoridad moral y ética para cuestionar aspectos de la libertad de prensa.

Para dar una idea de que la SIP es una entidad que nuclea a empresarios de la prensa y no a periodistas basta citar, por ejemplo, que Máximo Gainza, dueño del diario “La Prensa” de Argentina, es miembro del Consejo Consultivo junto con el dueño y director del semanario “Búsqueda” de Uruguay, de confesa alineación conservadora en manos del mismo Arbilla. También acompaña a estos personajes Raúl Kraiselburd del diario “El Día” de La Plata, Argentina y a la Secretaría del Consejo Directivo la ostenta Bartolomé Mitre del diario “La Nación”, también de Argentina, junto con dos cargos paralelos como miembro del Comité Ejecutivo y de la Junta de Directores.

Gonzalo Marroquín presidente de la SIP

El grupo Clarín también está presente en este último cuerpo mediante Saturnino Herrera, conjuntamente con el recientemente adquirido “La Voz del Interior” de Córdoba a cargo de Luis Eduardo Remonda. Con motivo de la 65º Asamblea General en Buenos Aires en noviembre de 2009, el mismo diario La Nación en su edición del 09 de Septiembre de ese año anunciaba que se reunirían 800 propietarios de empresas periodísticas e invitados extranjeros. A confesión de parte, relevo de pruebas, dicen los abogados.

Durante esta semana las autoridades de la SIP se reunieron en Buenos Aires con distintas autoridades y su actual Presidente, Gonzalo Marroquín, dejó bien claro cuáles son los intereses que persigue la entidad, criticando abiertamente la Ley de Medios Audiovisuales, diciendo que si los cambios en Papel Prensa le permiten al Estado controlar la provisión del material será peor que si lo detentan las empresas (léase Clarín)

De esta manera, estimado hipotético lector de este artículo, cuando consideramos estos antecedentes fácil nos será apreciar que estos personajes pregonan la libertad de prensa pero en realidad defienden la libertad de empresas, que no es para nada lo mismo. Claramente constituyen una avanzada imperialista directamente controlada por el Departamento de Estado de los EE UU, que le resta todo valor a su prédica hipócrita e interesada.

La defensa del oficio de periodista y la libertad de elegir dónde y cómo informarse no pasará nunca por estas entidades y para muestra de esta situación basta mencionar que cuando se le preguntó al empresario Marroquín sobre la apropiación de sus hijos por parte de la señora Ernestina Herrera viuda de Noble, manifestó que era una cuestión en la que no iba a opinar porque era un tema de familia. Así, literalmente, con una total falta de vergüenza. Se sabe que a las personas de esa condición se los conoce como sinvergüenzas.