Soja, sojeros, golpistas y chacareros

abril 1ro /2008
Daniel Cadabón

El gobierno se apresta arreglar con los grandes grupos financieros internacionales a costa de la subsistencia de los pequeños y medianos chacareros. La multitudinaria asamblea chacarera de Gualeguaychú terminará levantando las medidas y los cortes de rutas, aceptando los pedidos realizados en Plaza de Mayo por la presidenta Cristina-Kirchner; pero fundamentalmente por la falta de un programa agrario independiente y anticapitalista.

El chacarero, se aferra a luchar en contra de las subas de retenciones por razones distintas a las que se aferran los grandes grupos de inversión.

Dicen que Guillermo Moreno prefiere una economía concentrada en pocas
manos; la razón que esgrime el súper funcionario es que, es más fácil negociar con pocos (y con dinero), que con muchos. Los primeros, son más accesibles para sentarlos a una mesa y negociar en “términos Moreno”, sean estos racionales o pistoleros. Los segundos (los muchos) son más díscolos y escurridizos; menos propensos al apriete, tienden a movilizarse cortando caminos con esos molestos piquetes de bases desbordadas, que tanto ruido hacen mediáticamente, convirtiendo las “negociaciones al estilo Moreno” en una anécdota y provocando una descomunal crisis entre los creyentes en la “dinastía hegemónica”.

Por supuesto que Moreno es un ejemplo de ubicuidad, la generación y la defensa de los grandes pooles no es un invento propio, sino, el resultado del incentivo estatal para la negociación con los capitalistas, que a partir de las crisis de 2001/2002, necesitaban un norte para seguir en expansión y haciendo dinero.

La “política productivista”, de la que tanto se jacta el kirchnerismo, sirvió para aclararle el horizonte a las posiciones de la “vieja patria financiera”: los nuevos fondos de inversión, cuyo negocio no pasa ya por la antigua especulación monetaria pura del “neoliberalismo” y el traslado de activos del estado a grupos de
especuladores privados, han sido atraídos por la política de una feroz
concentración latifundista.

El “modelo”, de altas tasas de interés bancarias, afincadas sobre la especulación con deuda externa y los vaivenes del dólar, que en el pasado, terminaron vaciando las arcas del Estado y los bolsillos de los ciudadanos y trabajadores, como resultado de los operativos de blindaje y salvataje -estatización de deudas, pesificación- de los capitalistas privados, bancos, comisionistas y mesas de dinero, ha caído en desgracia.

Esto hace que la especulación económica en el presente, no sea la de la época de la “plata dulce”; en la actualidad, según los escribas del oficialismo, la especulación tiene un carácter más “productivo”, esto es lo explican como la recomposición de las economías populares.

Ayer nomás...

El modelo agroexportador, impulsado por el duhaldismo primero y por el kirchnerismo después, se sostiene sobre la base de una creciente concentración y transnacionalización de la tierra y del conjunto de operaciones que culminan con la cosecha de los granos (la soja en primer lugar).

Los fondos fiduciarios y los capitalistas privados cambiaron el carácter de sus inversiones de capital, que en el pasado estaban mayoritariamente destinados a los fondos de inversión previsionales, privatización de activos estatales, o más recientemente a la especulación inmobiliaria, y las volcaron a la agroindustria.

Esta transnacionalización, se sostiene en la captación de fondos de inversiones locales e internacionales que son manejados por grupos afines al kirchnerismo:

  • El senador cordobés, Daniel Urquia, dueño de Aceitera General
    Deheza, con puerto propio para las exportaciones;
  • Gustavo Grobocopatel, el “rey de la Soja”, que concentra 140 mil
    hectáreas de plantaciones del devenido antipatriótico yuyo;
  • El clan Werthein, ex menemistas ahora vueltos nacionales y populares,
    que además de ser propietarios de Telecom argentina, manejan poderosos
    grupos vinculados al agro, minería y petróleo en sociedad con el intimo
    de Cristina-Kirchner, Enrique Ezquenazi;
  • Eduardo Elsztaín, referente nacional del grupo Soros, uno de los
    responsables de la expropiación de la tierra a los aborígenes de nuestro
    sur, dueño de las oficinas que Néstor Kirchner utiliza en puerto Madero.

Todos fervorosos y modestos republicanos

Las “inversiones” en tierra, y en el conjunto de actividades colaterales que acompañan la actividad sojera y granera en general –semillas, fertilizantes, agroquímicos- son las responsables de la “nueva revolución productiva”, ya que coadyuvan con las movilización de capital en trasporte, construcción de puertos privados, metalmecánica, etc.

Aunque el valor de la tierra es el más influido por estas políticas, todos los activos financieros se revitalizan por la actividad especulativa y por el movimiento incesante de créditos, venta y reventa de bonos, agios con las rentas agrarias, especulación sobre el alza y la baja de los fondos públicos.

La política de tipo de cambio fijo, que sostiene el superávit de la gestión kirchnerista, ha sido uno de los fenómenos que explican el descomunal crecimiento en la renta de la tierra. La “convertibilidad” de un dólar (1 a 3 y pico) le dio el suficiente oxigeno a los exportadores agro-financieros para consolidar sus negocios, tanto en la venta directa, donde se encontró una situación extraordinaria, en cuanto a los precios que el mercado internacional está dispuesto a pagar por los granos, como en actividades resueltamente especulativas desde el punto de vista financiero.

Hasta ahora los rindes de estas actividades son enormes, y, las previsiones de los inversores son que se mantengan por un tiempo más, sin embargo el conflicto desatado en los últimos 20 días en nuestro país, hacen prever que esta política económica ha entrado definitivamente en crisis.

Por otro lado, la crisis económica mundial pero con domicilio en EE. UU. ha hecho que el gobierno yanqui acabara de declarar, que incrementará en un 20% las áreas destinadas al sembradío de soja como una forma de darle una salida a la agonía capitalista que acompaña la caída en desgracia de los fondos de inversión, destinados en su momento a la especulación inmobiliario.

La crisis de las hipotecas ha dejado un tendal de capitales dilapidados a los cuales el gobierno de Bush ha salido a subsidiar; ahora, parece haberle encontrado misma vuelta “Nac &Pop” y “productivista” del kirchnerismo a la crisis y se dispone a ingresar con mayor fuerza al negocio de la soja. El ringside se expande.

Golpistas de ayer, de hoy y de siempre

La presidenta Cristina-Kirchner, en su tercera disertación en medio de esta crisis, insiste en vincular a los piquetes agrarios con los golpistas de ayer. La centroizquierda le hace el coro y avanza aun más, acusando a los chacareros soliviantados en las rutas nacionales como participes necesarios de la avanzada de la derecha militarista en contra del “gobierno popular”.

La izquierda, se reparte: hay quienes apoyan a los pequeños y medianos productores pidiendo la retracción de la resolución de subas de retenciones al 10 de marzo; quienes piden que se repriman popularmente “el sitio golpista, a las ciudades”; quienes consideran este debate como una cuestión “entre capitalistas” y quienes, como el stalinismo vernáculo, movilizaron 200 personas junto a Cristina al acto organizado por el PJ en plaza de mayo.

El gobierno ha logrado, sin duda, marcar la agenda de discusión, polarizando a favor o en contra del “campo”, a favor o en contra de la democracia, a favor o en contra de la oligarquía.

Asistimos a un verdadero proceso de encubrimiento sobre las relaciones económicas y políticas que laboraron a favor del golpe de estado del ´76.

Las acusaciones de la presidenta sobre la complicidad, que sin duda mantenía la Sociedad Rural con Videla y el resto de genocidas, intentan dejar afuera la complicidad de los grandes grupos industriales, de los grandes partidos políticos burgueses (PJ y UCR) la burocracia sindical, todos los que hoy pretenden ser presentados como fanáticos del republicanismo.

La unilateralidad histórica, del mensaje presidencial, deja de lado además, los vasos comunicantes entre los golpistas del campo y los de la ciudad y la industria.

La burguesía industrial especula en el presente con la renta agraria, como en el pasado especuló con los plazos fijos, las privatizaciones y las mesas de dinero. La burguesía industrial y financiera, que hoy rodea al kirchnerismo, fue un elemento clave en la decisión que llevó a la firma de los decretos de exterminio de los sectores obreros y populares combativos, antecedentes del golpe genocida.

Cristina, D´Elia, Moyano y el resto de empleados a sueldo, subsidiado por
el estado, llaman “golpistas” a los chacareros movilizados, para disimular su verdadera corresponsabilidad histórica –pejotista-burocratica- con los golpistas.

Establecen un rabioso ataque político en contra de los piquetes agrarios para poder negociar en mejores términos con las grandes entidades rurales.

La discusión con la Sociedad rural, con Coninagro y con el resto de las entidades es, para el gobierno, en términos económicos; la discusión con los piquetes agrarios, es en términos políticos y represivos.

La especulación rentística sojera, es un gran negocio en el que participan todos los sectores con dinero del país, sin diferencias entre “el campo”, la industria, los intermediarios y los bancos. La cuestión que está en debate va más allá de la suba de retenciones, es sobre las relaciones de propiedad de la tierra.

Chacareros

El chacarero, se aferra a luchar en contra de las subas de retenciones por razones distintas a las que se aferran los grandes grupos de inversión.

La falta de un programa agrario que contemple: la lucha en contra del latifundio, distribuyendo la tierra entre los que trabajan; la nacionalización de puertos y comercio exterior, para evitar la evasión de los grandes grupos de inversión, vinculados al kirchnerismo; el monopolio estatal del comercio de insumos –fertilizantes, semillas y agroquímicos-, hace que la “rebelión chacarera” carezca de una dirección independiente y aparezca vinculada con las direcciones
oligárquicas.

Las autoconvocatorias chacareras, que son las que les pusieron el cuerpo a los cortes de ruta, deberán discutir los reclamos históricos, que independicen su lucha de los intereses de las grandes entidades que se desentenderán de ellos ni bien arreglen la tajada con los funcionarios del kirchnerismo.

La actual suba de retenciones, colocan al pequeño y mediano chacarero en una relación similar a la que mantuvieron los pequeños y medianos ahorristas en épocas del corralito.

A los que hoy arriendan campos para el cultivo, la suba de los arrendamientos los colocará en una situación de desventaja en relación con los grandes pooles de siembra que terminaran negociando en mejores condiciones con Moreno, o en todo caso, ya que tienen los suficientes resortes, malversaran y evadirán los registros de exportación, mientras ellos cobrarán menos.

A los pequeños productores, que necesitan de los grandes acopiadores para la negociación de los granos, se les presenta una situación similar.

Sin la comprensión, de que el problema agrario se resuelve en términos de una reforma integral del régimen de propiedad mediante una distribución de la tierra, el debate agrario queda reducido a un debate tributario que, más temprano que tarde colocará a los chacareros, como victimas de la voracidad capitalista de los pooles de siembra y de los grupos de inversión.

El gran acuerdo social, proyectado por el kirchnerismo para el próximo 25 de mayo, será un nuevo golpe para los pequeños productores y para el pueblo trabajador argentino.

La “asamblea kirchnerista”, del 25 de mayo, reforzará el rol del agronegocio, la especulación rentística, una mayor concentración de la tierra en latifundios.

El aumento de las retenciones, servirán para los arreglos pendientes con el Club de París y para seguir pagando deudas, mientras el superávit se sigue engordando con las políticas de saqueo salarial y de una mayor carestía.

El gobierno está atravesado por una fuerte crisis política y recurre al archivado “pacto social” con los industriales y las entidades del campo, para reencauzar su ofensiva en contra de los trabajadores argentinos.