Lo que originalmente buscaba funcionar como un refuerzo para los haberes más bajos, hoy se transformó en una suma insuficiente que ya no cumple su objetivo de contención. En términos reales, ese bono perdió gran parte de su capacidad de compra: lo que en marzo de 2024 representaba un apoyo concreto para alimentos, medicamentos o servicios, hoy apenas alcanza para cubrir necesidades mínimas.
Esta situación impacta especialmente en los jubilados que perciben la mínima, quienes dependen de ese complemento para sostener su economía mensual. El bono, al no actualizarse, se convierte en un mecanismo regresivo: mientras los precios suben, la ayuda permanece inmóvil.
Pero hay otro dato aún más preocupante y menos visible: el subsidio de contención familiar del PAMI, que se otorga cuando fallece un afiliado, permanece congelado en $15.000. Esta suma, que debería ayudar a la familia a afrontar gastos funerarios, resulta hoy completamente desactualizada.
Los costos básicos de un servicio funerario superan ampliamente ese monto. En la práctica, el subsidio perdió su finalidad social y simbólica. Lo que debía ser un acompañamiento del Estado en un momento de vulnerabilidad extrema, se volvió una ayuda meramente nominal.
Este doble congelamiento —el bono de $70.000 y el subsidio de contención familiar de $15.000— evidencia la necesidad de establecer mecanismos de actualización automática, vinculados a la inflación o a la movilidad previsional, para evitar que estas prestaciones pierdan su razón de ser.
El sistema previsional no solo debe garantizar ingresos dignos en vida, sino también acompañar a las familias en momentos críticos. Cuando las ayudas quedan congeladas, el Estado deja de cumplir esa función de protección.
Hoy el debate no es solo económico. Es también social y humano. Porque detrás de cada bono congelado hay un jubilado que no llega a fin de mes. Y detrás de cada subsidio funerario desactualizado, hay una familia que debe enfrentar sola uno de los momentos más difíciles de su vida.
Actualizar estas prestaciones no es un privilegio. Es una necesidad urgente.








