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“Ni un tantico así”

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Super_solos.jpgEl Che Guevara solía repetir en sus discursos una frase acompañada con el gesto de unir pulgar e índice indicando pequeñez: “Al capitalismo no le tenemos que dar ni un tantico así”. Los adherentes y los detractores del mítico guerrillero más allá de todas las diferencias coinciden en afirmar que sabía de lo que hablaba.


Y es que no hay medias tintas para decidir o resolver la cuestión social pendiente de los que vivimos en un llamado país emergente o subdesarrollado, como se estilaba denominar a las economías dependientes en los años setenta.

No hay ninguna posibilidad de que las grandes mayorías puedan zafar del apriete del sistema sin pasar a un modelo social distinto.

Como le gusta repetir al economista Julio C. Gambina [[ Doctor en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Es Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP, e Integrante del Comité Directivo del consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO (2006-2012). También participa como miembro del Consejo Académico de ATTAC-Argentina y dirige el Centro de Estudios Formación de la Federación Judicial Argentina. Se desempeña además como columnista sobre Economía y Cooperativismo en medios periodísticos de Capital Federal y del interior del país.]] no existe la posibilidad de mejora en el periodo del “mientras tanto” dentro del sistema capitalista. La opción es claramente de hierro: o nos atrevemos a cambiar los paradigmas del modelo, o nos sostenemos en la pobreza marginal, en ese mientras tanto del horizonte capitalista.

Ya nadie puede creer a esta altura de los acontecimientos en que el modelo capitalista con el efecto derrame que nunca llega alcanzará algún día a comprender a todos, precisamente porque se nutre de la exclusión y de la falta de distribución del ingreso a las mayorías, siendo especulativo y forjando su base en la concentración y no en la justicia distributiva.

Por eso, aparece por lo menos como un contrasentido mayúsculo que la señora Presidenta de los argentinos en discurso por cadena nacional del día 12 de febrero de 2014, pretenda reprender a los formadores de precios, a los especuladores de la moneda extranjera, a los tenedores de cosechas sin liquidar y a los bancos por los encajes en dólares, porque esos agentes de la economía capitalista responden a los parámetros que otorga el mismo gobierno que luego se muestra enojado por estas conductas.

El mismo ex presidente y esposo de la Presidenta, convocó en los comienzos de la década anterior a la creación de una burguesía nacional como camino para el engrandecimiento de la Nación, discurso que su señora gusta repetir invariablemente en cada cena anual de la Unión Industrial Argentina.

Ante los hechos consumados Cristina Fernández, viuda de Kirchner, debería tener ya asumido que esos burgueses que ella quiere recrear continuamente, actuaron, actúan y actuarán siempre de la misma manera, porque son esos los parámetros del sistema que alienta.

Reclamar airadamente en el micrófono que los formadores de precios carecen de altruismo o de responsabilidad es por lo menos una ingenuidad, cuando no una falsedad, porque esos agentes actúan desde la esencia del capitalismo, que nunca será de otra manera.

Y con esos pasos titubeantes de la mal llamada economía nacional, el “modelo kirchnerista” se aleja cada más de los grandes lineamientos que se habían planteado a partir del rechazo al ALCA en Mar del Plata en el 2005. El proyecto Banco del Sur, el ALBA, la recreación del mismo MERCOSUR o el retiro del CIADI, chocan con la realidad incontrastable del acuerdo con el Club de París y las auditorias del FMI del que supuestamente nos habíamos liberado pagando anticipadamente u/s 10.000.- millones.

Ya no queda espacio para las arengas grandilocuentes de la señora Presidenta que al día siguiente son noticia tan vieja como intrascendente, porque el Estado tiene en sus manos las herramientas para cambiar la situación si realmente existiera voluntad de abandonar la especulación de un sistema que se nutre así mismo con esas maniobras.

La recreación del IAPI, la Junta Nacional de Carnes, la Junta Nacional de Granos, la estatización del comercio exterior, de la banca privada; cesar con los perversos permisos de pesca en la plataforma submarina, recuperar el manejo de la explotación minera, rescindir las concesiones transgénicas, recuperar la soberanía alimentaria, promover la agricultura familiar, son sólo algunos de los mecanismos necesarios que se pueden citar para lograr vivir en un mundo mejor, que es posible. Lo que es probadamente imposible es mejorar con el actual modelo.

Sin ir más lejos, y también a modo de ejemplo, en el último foro mundial de Davos, una organización llamada Oxfam [[Oxfam es una confederación internacional de 17 organizaciones que trabajan conjuntamente en 92 países como parte de un movimiento global por el cambio con el objetivo de construir un futuro libre de la injusticia de la pobreza ]] presentó un informe en el que se da cuenta de que 85 personas en el planeta poseen fortunas personales equivalentes al ingreso de 3.500 millones de personas, lo que no es más que el resultado de asegurarle al capitalismo suficiente margen de maniobra, en lugar de no darle ni un tantico así.

Con estos datos a la vista, queda claro, que los dirigentes que hayan optado por seguir insistiendo en que hay que tener esperanza en el futuro porque todo va a mejorar, no son ingenuos ni falsos, más bien son cómplices de forma consciente y directa.

  • Daniel Tort

    Abogado y periodista

    tdaniel@arnet.com.ar

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