La contienda electoral se dirimirá entre el actual presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva de 80 años contra el senador opositor de la ultraderecha Flávio Bolsonaro hijo de 45 años. Este duelo que se perfila por la presidencia también determinará qué rumbo tomará la democracia más poblada y la mayor economía de América Latina frente a Estados Unidos. Si seguirá oponiendose a las ambiciones de Washington en la región o si se someterá como Argentina y otros tantos otros países latinoamericanos.
El hecho de que Lula, a pesar de su edad, vuelva a tener buenas posibilidades de ganar las elecciones se lo debe sobre todo a su oponente que busca el regreso del bolsonarismo para amnistiar a su padre, condenado por el intento de golpe de Estado, y así continuar con su proyecto político liberal. Será así que vuelven a enfrentarse los dos bandos políticos que han polarizado a Brasil durante una década. Lula y Bolsonaro están muy cerca en las encuestas.
Durante los últimos días previos a las elecciones en Brasil, Lula tuvo un repunte, pero confirman que será una disputa por sobre Bolsonaro de unos 5 puntos de diferencia en primera vuelta para llegar al balotage. Opinan que hay desánimo en la derecha. Flávio no es su padre, ni es el candidato que querían porque preferían a Tarcisio.
Brasil descubre una nueva fuente energética
Una espaldarazo reciente para Lula es un nuevo hallazgo energético de Brasil. El mandatario y candidato a la reelección anticipó que le gustaría invertir las ganancias de ese proyecto en la educación infantil. Al respecto Lula dijo que Donald Trump, «morirá de envidia» cuando se entere del reciente hallazgo de petróleo en el país sudamericano.
«Ahora hemos descubierto más petróleo en el margen ecuatorial. Ese hallazgo surge gracias a una exploración realizada a 550 kilómetros de la orilla del Amazonas y a 175 kilómetros del estado de Amapá.
«Fuimos a buscar petróleo a una profundidad de 7.000 metros, si se hunde un poco más, trae a un japonés en la sonda», afirmó. También anticipó que le gustaría invertir las ganancias petroleras en la educación infantil. «Estoy cansado de ser un país en desarrollo, queremos ser un país desarrollado», señaló al ratificar su compromiso para combatir la pobreza.
Con respecto al proceso electoral, Lula reiteró uno de sus principales objetivos políticos: «Si no fuera por mí enfrentándome a estos fascistas, ganarían las elecciones fácilmente. Mientras yo viva, trabajaré para que el fascismo no regrese al país», concluyó.






