El exlegislador ultraconservador chileno José Antonio Kast logró el domingo 14 de diciembre al imponerse a la candidata de la coalición gobernante de centroizquierda la candidata comunista Jeannette Jara, alcanzó el 41,8%.
Una tendencia regional en ascenso
Chile no es una excepción en la región. La victoria de Kast se inscribe en una serie de elecciones en América Latina que han desalojado a gobiernos en funciones y propulsado a líderes de derecha al poder, desde Argentina hasta Bolivia, en un contexto en el que el presidente estadounidense Donald Trump busca reafirmar la influencia de Washington en el hemisferio occidental, castigando a rivales y respaldando a aliados.
Javier Milei, un libertario radical fanático de Trump, fue el primero en felicitar a Kast. «La izquierda retrocede», escribió en redes sociales, acompañando el mensaje con un mapa de Sudamérica que muestra el reciente giro a la derecha.
Vuelve la derecha radical
El triunfo de Kast marca una nueva etapa para Chile: será el primer presidente de la derecha radical desde el retorno a la democracia en 1990, tras la dictadura del general Augusto Pinochet. Desde entonces, coaliciones de centroizquierda y centroderecha se han alternado en el poder.
Los dos candidatos de esta tensa segunda vuelta representaban visiones casi opuestas del país, con profundas diferencias sobre el rol del Estado, la economía y los asuntos sociales.
Jara, militante histórica del Partido Comunista, impulsora de políticas sociales populares en el Gobierno de Boric y proveniente de una familia trabajadora que se opuso a la dictadura (1973-1990), encarnaba un proyecto diametralmente distinto al de su rival.
Kast, en cambio, es un católico devoto y padre de nueve hijos. Su padre, nacido en Alemania, fue miembro registrado del partido nazi, y uno de sus hermanos ocupó un cargo ministerial durante la dictadura.
Su conservadurismo moral, que incluye una oposición frontal al aborto sin excepciones y al matrimonio igualitario, le ha valido comparaciones con el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, hoy encarcelado, y fue un lastre en sus dos anteriores intentos fallidos por llegar a La Moneda.
Esta vez, no fue la economía, sino el aumento de la inmigración irregular y el avance del crimen organizado durante el mandato de Boric dominaron la agenda electoral y alimentaron el respaldo a un discurso de seguridad de línea dura.









