Las autoridades reconocen algo que todos intuimos pero pocos admiten abiertamente. Esto es el poder actual de los algoritmos, la fuerza de voluntad humana ya no alcanza. Los feeds alimentados por Inteligencia Artificial (IA) no solo muestran contenido sino aprenden qué nos retiene, qué nos altera, qué nos calma, qué nos atrapa… y lo refinan en tiempo real. Para un adolescente, desconectarse dejó de ser una decisión y se volvió una batalla desigual.
Por primera vez, la responsabilidad legal deja de recaer en los padres y se traslada a las plataformas. TikTok, Instagram, YouTube, Snapchat, Facebook. Todas las redes deberán demostrar que mantienen a los menores fuera de sus servicios o enfrentar multas que pueden llegar a los 50 millones de dólares. Un giro histórico en la relación entre gobiernos y gigantes tecnológicos.
Pero la ley abre una grieta incómoda. ¿Es esto protección o intervención excesiva? ¿Un escudo necesario frente a sistemas diseñados para maximizar adicción, o un avance estatal sobre la libertad individual y el acceso a comunidades digitales?
Mientras otros países observan atentos, la pregunta de fondo se vuelve inevitable. La tecnología evoluciona más rápido que nuestras normas, nuestros hábitos y nuestra capacidad para regularla. ¿Hacia dónde estamos yendo como sociedad?
Opiniones: «Nada es blanco o negro»
En el paseo marítimo de Bombay, Pratigya Jena, de 19 años, la generación Z «hace cosas importantes» en las redes, «especialmente los jóvenes emprendedores». Las redes sociales «solo deberían prohibirse parcialmente, porque nada es completamente blanco o negro», opina la estudiante. Al mismo tiempo, reconoce que el acceso de los niños a contenidos para adultos «tiene consecuencias muy negativas».
«Un poco extremo»
En la capital alemana, Luna Drewes, de 13 años, cree que la prohibición «es buena en cierto modo, porque las redes sociales muestran a menudo una imagen de cómo deberían ser las personas, por ejemplo que las chicas deben ser delgadas».
Enno Caro Brandes, de 15 años, que lleva guantes táctiles para poder usar el teléfono pese al frío, opina que «la prohibición es un poco extrema, pero podría ayudar a desintoxicarse de verdad».
«Realmente estúpido»
Firdha Razak, de 16 años no apoya la prohibición. «Es realmente estúpido, honestamente», aunque «nosotros, los jóvenes de 16 años, no podemos hacer mucho contra una acción del gobierno», opina.
Youssef Walid, de 16 años, considera que este tipo de medida es difícil de aplicar. «Se puede usar un VPN. Se puede eludir fácilmente y crear nuevas cuentas», explica.
«Nacimos con esto»
En un colegio de Nigeria, Mitchelle Okinedo de 16 años, repasa sus apuntes manuscritos porque en clase está prohibido utilizar el teléfono. «Entiendo de dónde viene la decisión del gobierno [australiano]. Hoy en día los alumnos se distraen mucho», afirma. Aun así, esta adolescente de 15 años cree que «hemos nacido con esto y no creo que quiera dejar de usarlo».
Su madre, Hannah Okinedo, de 50 años, apoya la prohibición de las redes a los menores de 16 años porque la mayoría de los padres «no tienen tiempo de vigilar a sus hijos todo el día».
No sabría qué hacer
La mexicana Aranza Gómez, de 11 años, tiene desde hace un año un teléfono con el que puede acceder a las redes sociales. «Sin él, honestamente, estaría triste. Realmente no sabría qué hacer», cuenta.
Santiago Ramírez Rojas, de 16 años, está sentado en un banco de la colonia Tabacalera, en la capital mexicana, mirando en su teléfono noticias sobre Argentina y las fechas de la gira de un músico. «Hoy en día, las redes sociales son muy importantes para expresarse, sin importar la edad», afirma.
No obstante, advierte de que «muchos secuestros empiezan en línea» y que «los niños más pequeños, de 10 a 12 años, son mucho más vulnerables».
«No tendrá impacto»
En Australia, las opiniones difieren dentro de las familias. «No creo que el gobierno sepa realmente lo que hace y no creo que tenga impacto en los niños australianos», asegura Layton Lewis, de 15 años.
Pero su madre, Emily Lewis, espera que la medida ayude a los niños a establecer «relaciones mejores y más auténticas». «Organizarán salidas reales, como hacíamos antes, para encontrarse con amigos en persona y mantener conversaciones de verdad, en lugar de esas amistades ilusorias en línea».









