En la ciudad es cada vez más frecuente el uso de motocicletas, sin duda por razones laborales y de economía. Sin embargo hay quienes con cierta maldad les sacan el silenciador o modifican los escapes («libres») y ese enorme ruido que generan se ha convertido en una problemática urbana significativa que tiene sus consecuencias.
Con cierta extraña diversión transitan por las calles a cualquier hora generando de ruidos extremos que afectan la convivencia, la salud y la tranquilidad de los vecinos. Estas modificaciones del escape, a menudo son realizadas para aumentar el volumen por moda, para hacerse notar o «lucirse», superan los límites legales permitidos (típicamente por encima de 86-91 decibeles, según las legislaciones locales).

Los controles intensivos son cada vez más necesarios a través de la Secretaría de Tránsito y Seguridad Vial por seguridad, orden y también por cuestiones de salud. Los escapes libres producen contaminación acuústica. Sus ruidos exagerados perturban el descanso y sobre todos, afectan a personas con trastornos del espectro autista (TEA), generan estrés y problemas de salud mental o cardiovascular en los ciudadanos.
Por suerte los operativos de control de tránsito continuan y se despliegan por distintos barrios de la zona. No solo se verifica el uso de casco, luces reglamentarias, la documentación obligatoria, sino también los ruidos molestos. La Municipalidad hizo focon en esta problemática para que los ciudadanos cumplan las normas, además de los pedidos de los vecinos.
Los motociclitas deben saber que las sanciones pecuniarias son severas como también los secuestros e inhabilitaciones para conducir y el objetivo es promover una mayor conciencia ciudadana. Se puede ver el resultado en los canchones municipales donde se acumulan cientos de motos cuyos dueños no pueden retirarlas por los altos costos que genera un secuestro.








