«Dios ha muerto» había declarado décadas antes Friedrich Nietzsche, uno de los progenitores del existencialismo, corriente filosófica de la que Sartre se convertiría en uno de sus principales exponentes.
Pero en medio de esas ideas que pueden resultar un poco abrumadoras, Sartre también nos invita a vernos como un lienzo en blanco.
Al sentenciar que «la existencia precede a la esencia», el escritor francés nos dice que no hay una plantilla o un molde a partir de la cual nos podamos construir a nosotros mismos: somos libres de crearnos.
Al aceptar «la libertad radical» y de que no venimos al mundo con un propósito intrínseco, somos lo que elegimos ser.
Creía que tenemos un potencial casi infinito para ser lo que queramos y que las circunstancias, las situaciones, no nos definen. Y en ese contexto, abrazar nuestra libertad es tan importante como acoger la nada.
Sartre no solo escribió tratados filosóficos, también fue autor de obras de teatro, novelas, biografías. Considerado el padre del existencialismo moderno y un exponente del humanismo marxista, fue uno de los intelectuales más destacados de la posguerra.
«Somos nada»
Aunque puede parecer una contradicción, lo que el existencialismo plantea es que nosotros, como «existentes humanos», somos nada. Una idea en contra de los esencialismos.
En una ponencia de hace 80 años, Sartre trabajó el tema de la ética, le dice a BBC Mundo la profesora Danila Suárez Tomé, autora y académica del Instituto de Investigaciones Filosóficas de Argentina.
Así, para Sartre, la existencia humana viene a aportar la novedad, lo distinto, lo que todavía no es. «Porque ser nada es ser potencia», explica Suárez, «es tener un infinito de posibilidades, de cosas por hacer».
«Eso es lo que es el ser humano: la nada que, proyectándose, eligiendo y decidiendo, haciendo y actuando, y siendo, va creando cosas en el mundo», agrega.
En ese contexto, no venimos a cumplir un plan preestablecido, no tenemos un sentido predeterminado, no hay nada que dicte quiénes seremos y cómo comportarnos.
Suárez explica: «Cuando nacemos, estamos arrojados en el mundo, un mundo al cual le tenemos que dar un sentido». Y, así, desde el momento en que nacemos somos libres.
«De lo único que no somos libres es de no ser libres. Nosotros no podemos no elegir ser libres, estamos condenados a la libertad».









