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Anularon la culpabilidad del declarado autor del femicidio de Jimena Salas

En la causa por el femicidio de Jimena Salas se revocó la sentencia sobre la cumpabilidad de Javier Saavedra sindicado como el responsable del asesinato de Jimena Salas. A nueve años del femicidio, el Tribunal de Impugnación de Salta dio un nuevo giro judicial a la causa y, según el fallo que se conoció este miércoles, el caso deberá volver a investigarse para dar con los verdaderos autores del crimen.

1976

Su esposa y su bebé habían partido hacia lugares más cobijantes y seguros. El hambre, el frío, el miedo, eran su única compañía. Fue quemando meticulosamente, día tras día, los papeles, los libros, las banderas: junto con volantes, con documentos comprometedores, con emblemas de lucha, quemaba libros, esos amados textos que había estudiado con fruición, descubriendo -con esa sensación de escamas que le caían de los ojos- profundas realidades, ocultas detrás de lo aparente.

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Controlaba que el humo no fuera demasiado espeso, para confundirlo a esa hora con la humareda de un próximo asado, lo que hacía más lenta pero más segura la quematina. Mientras iba redescubriendo las líneas que el fuego resaltaba primero y hacía desaparecer después, en volutas azules y carbonadas, una angustia asfixiante lo oprimía, mezclada con vergüenza, con lástima de sí mismo, con dolor por su país.

Una noche, despertó sobresaltado: el rugido de un motor frente a su casa, la potente luz de los faros filtrándose por las cerradas hendijas de la persiana que daba a la calle, lo aterrorizó. Levantó mínimamente la cortina para espiar por los intersticios, desde la oscuridad de su cuarto hacia afuera: un auto que bien podía ser un Ford Falcon, atravesado en la calle, apuntaba sus faros cegantes hacia su casa. Desesperado, corrió hacia el baño y mientras rompía los papeles celosamente guardados para arrojarlos por el inodoro, temblaba. Sintió luego el motor que se alejaba, entre juveniles gritos borrachines. Suspiró, secándose el sudor.

Cuando pudo dormirse nuevamente, soñó que una jauría de perros lo atacaba. Se defendía con desesperación, los filosos colmillos desgarraban su cuerpo, laceraban las manos con las que pretendía protegerse. Soñó entonces que estaba soñando, que la terrífica jauría era sólo un sueño, que él estaba durmiendo en el cuarto de su infancia, y que al lado dormía su madre; pudo sentir su respiración, rozar el brazo terso al que se aferraba cuando le permitían dormir en la cama grande, percibir el olor suave que emanaba el dulce cuerpo materno.

Nada podría pasarle. Ahora durmió con placidez, la respiración acompasada. Se dijo entre sueños -sin sorprenderse que dejaba de ser niño- que mañana terminaría la tarea. Podría entonces viajar, reencontrarse con su mujer, con su bebe, con la vida.

Los furiosos golpes en la puerta lo despertaron.

David Slodky
David Slodky
Psicólogo, escritor y difusor cultural. Nació en Salta en 1946. Licenciado en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba.

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