Solo un relator deportivo de aquella época, devenido en periodista político –Miguel Angel De Renzi-, recibía los mismos improperios telefónicos, aunque mas burlones y con menos énfasis en su perfil ideológico. Era tan notorio el vapuleo de los televidentes que hasta Mirta Legrand lo invito a su mesa para espetarle: «pero a usted lo insultan mucho querido». Mientras tanto, Feinmann compartía apellido con el filosofo, historiador, guionista, dramaturgo y otros roles destacados, Juan Pablo Feinmann, a quien como si hiciera falta distinguirlo, lo llamaban «el Feinman bueno«.
La derecha mediática lo rescato del ostracismo y lo puso al frente de noticieros radiales y televisivos en horarios centrales. Se monto en la ola antikirchnerista y desde allí bajo línea contra todo lo que tuviera olor a popular y reivindicativo de derechos. Con ademanes de desprecio y conceptos discriminatorios Feinmann defenestró por igual a estudiantes, trabajadores, miembros de colectivos de la diversidad sexual, movimientos feministas.
Siempre con tono autoritario y como si fuera dueño de la verdad absoluta, sin dar lugar al debate o la discusión. Su intervención mas reciente fue el intento de desacreditar a Norma Lezana, presidente de la Asociación de Profesionales del Hospital Garraham, a quien la producción de su programa en América, había invitado para hablar de la recomposición salarial que recibieron los trabajadores del hospital. Feinmann comenzó a agredirla desde el primer minuto tratándola de golpista, de haberle mentido, de usar a los niños con fines electorales.
Se puede ver la entrevista completa y los cortes que invadieron las redes. Allí se aprecia que Feinmann chorrea fascismo y como al final se saco una careta que dejo ver con mas certeza que nunca su perfil reaccionario y antiderechos gritando fuera de si «a Uds les importan un carajo los niños». La dirigente lo enfrento estoica. Le recordó que el cargo como nutricionista pediátrica lo obtuvo por concurso publico y que fue elegida democráticamente por sus compañeros para presidir la asociación que los nuclea y que tenia los mismos derechos que cualquiera para participar en política. Pero además fue condescendiente al recomendarle a un Feimnann completamente enajenado que hiciera terapia porque lo veía fuera de control.
La actitud de Feinmann transformo esa entrevista en uno de los momentos mas patéticos y bochornosos de la historia de la televisión, superando aquella pelea a golpes de puño de Viale con Samid. En estos casos un espectáculo como ese no solo debería provocar vergüenza ajena sino también indignación plena y justificada por el bastardeo a la profesión.
Pienso que las asociaciones de periodistas deberían pronunciarse contra semejante aberración para que de ninguna manera se entienda que lo de Feinmann fue en uso de libertad de expresión.









