Palavecino no midió la repercusión negativa de su gesto, no solo por el absurdo espectáculo que protagonizó junto a Javier Milei con esa versión bizarra de «Amor Salvaje», sino también por no haber tenido en cuenta el pesar de millones de argentinos que padecen las políticas del presidente.
Lo que consiguió desafiando la ley de gravedad subiendo al desquiciado al escenario, es que se le cayeran encima todas las versiones acopiadas a través de los años que lo señalan como alambrador de territorios indígenas, maltratador de sus propios músicos, importador ilegal de autos carísimos, además de misógeno y homofobico.
Eso sin contar quienes a traves de las redes lo putean en todos los idiomas por «desclasado», «traidor» y «lameculos». «Hago más que cualquiera en el ámbito social», se defendió ante un diario salteño. Tal vez, por respeto a las personas que ayuda, a su pasado de laburante y a un público mayoritariamente popular que lo sigue, no debió dejarse llevar ni mantenerse al margen de ese circo vulgar que Milei monta cada vez que se hace al cantor. Que se calle.









