Hubo un tiempo en que Salta dictaba la agenda del turismo en el Norte argentino. Con campañas agresivas, presencia internacional indiscutida y un orgullo feroz por sus joyas locales, la provincia convirtió al Tren a las Nubes, a Cafayate y a Cachi en marcas globales. Hoy, lamentablemente, esa mística parece haber quedado reducida a un eslogan del pasado.