Un proyecto miserable y demagógico que apunta claramente a obtener el voto de los que aplauden cuando la policía de Sáenz corre y maltrata y apalea a los vendedores ambulantes, a los sin techo, a los cartoneros, a la gente en situación de calle, a docentes en huelga, a comunidades originarias que resisten el despojo, a los chicos de los barrios pobres, a los travestis, etc.
Durand se pone así a tono con el plan de Milei y Bullrich para la juventud precarizada del país: hambre, represión y cárcel, como ya lo están haciendo otros políticos de inspiración nazi, como el intendente de Mar del Plata Montenegro, creador de una patrulla municipal que se dedica a perseguir y vejar a trapitos y gente en situación de calle.
Pero en Mar del Plata la justicia ha dictaminado que esa patrulla era ilegal y debía ser disuelta, mientras que lo de Durand es aún peor y más grave porque pretende legalizar la represión mediante una ley aprobada por la Legislatura.
Y en el contexto de una crisis social y económica brutal y en una provincia con más del 50% de la población sumida en la informalidad, donde los jóvenes de los barrios pobres no tienen futuro ni horizonte, el intendente Durand circula en las redes pidiendo histéricamente que repriman a los trapitos, esos delincuentes seriales que cobran centavos por cuidar coches o limpiar vidrios . (Hay que ver las cosas que pasan cuando se le sube la mostaza al enano fascista que llevan en el corazoncito).
Un proyecto que viola derechos humanos como el derecho a trabajar y el derecho a la ciudad porque el espacio público es patrimonio de todos y no de ciertos sectores sociales.
Un proyecto que rezuma odio de clase, que fomenta el desprecio y el odio y que halaga los bajos instintos de esos buenos ciudadanos que se regocijan con el sufrimiento ajeno, porque de eso estamos hablando, de dolor, de desigualdad y de injusticia, porque todos esos chicos que vienen de barrios precarios donde viven hacinados, sin cloacas y sin agua, crecen en la marginalidad, condenados a una vida muy dura, y lo que necesitan no es más represión sino contención social, oportunidades de estudio y trabajo.
El intendente quiere penalizarlos hasta con cuarenta días de cárcel por ganarse unos pesos cuidando coches o limpiando vidrios. ¿Pero qué es lo que pretenden? ¿Acorralarlos para que no tengan más salida que ir a robar y terminar linchados a patadas por esos mismos vecinos que apoyan este tipo de cosas? ¿O golpeados y muertos en las comisarías como ya ha ocurrido tantas veces?
Los responsables de estas realidades no son los trapitos sino la casta conservadora que gobierna Salta desde hace más de treinta años y de la que Sáenz y Durand forman parte. Esa casta corrupta y empobrecedora que gobierna para las mineras, los empresarios y el banco Macro mientras los hijos de los trabajadores salteños andan vendiendo medias en las peatonales y son estigmatizados, golpeados y perseguidos por una jauría de inspectores, comerciantes, policías, legisladores, tipos como el actual intendente y todo el sistema represivo.
Es la ciudad que queres, rezan los carteles publicitarios del intendente, y a mí me suena como una broma sangrienta, porque vivimos en una ciudad donde los que gobiernan se ensañan con los más vulnerables y donde no se aprecia ni un poco de humanidad y justicia.









