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La familia sagrada

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Si no recuerdo mal, Juan Manuel Urtubey lanzó en 2007 su campaña para gobernador en el Teatro Provincial, acompañado de su entones esposa, Ximena Saravia Toledo.


Allí el entonces diputado nacional no habló, vociferó un discurso pues debía vencer a quien presentaba como su rival, el senador nacional Juan Carlos Romero. Era el chico valiente decidido a dar una pelea contra quien presentaba como el causante de todos los males de la provincia.

Por esos días prometía que, si ganaba, no habitaría la mansión oficial de Finca Las Costas, símbolo de la fastuosidad y corrupción romerista, de la que Juan Manuel juraba que se alejaría.

La historia, o simplemente la avidez política, nos cambian.

Doce años más tarde Urtubey elige lanzar su candidatura a presidente no con un mitin, aunque sea armado, sino a través de una operación mediática, en la que destacan los diarios La Nación y El Tribuno, de Juan Carlos Romero.

Todo se presenta como entrevistas que distintos medios hacen a Juan Manuel en la mansión oficial de las Costas. Es la mansión donde el gobernador se casó con Isabel Macedo, con un invitado especial, Juan Carlos Romero.

También donde Juan Manuel e Isabel bautizaron a Belita, la beba con mayor exposición mediática en el mundo de la política mundial.

Finca Las Costas se ha convertido en el escenario de la campaña urtubecista, que no puede separarse de la de su familia. Pero apenas es un símbolo de la continuidad entre Romero y Urtubey, que mejor se nota en cómo Urtubey siguió atando todas las finanzas provinciales a Jorge Brito, ahora por una ley. Por caso.

Las entrevistas que Urtubey “concede” comienzan muy temprano, en un mañana lluviosa especial para que el ahora candidato se aparezca con un mate y un termo.

El periodista se traga el verso, o debe tragárselo. Es cierto que Urtubey es un salteñazo que se muestra como tal cada vez que se disfraza de gaucho, pero ahora lo vemos un argentino que todas las mañanas se ceba sus mates con su china.

Juan Manuel ya no vocifera como hace doce años. Ahora es un gurú que habla desde lo alto, un gurú que con su sola sabiduría supera las estridencias de los dos extremos de la grieta.

Y la china de apellido Macedo aparece, casi por casualidad, con su Belita. Claro, es una ocasión para la foto, con el paisaje de fondo de Las Costas.

Son tres felices, la imagen tiene claras reminiscencias navideñas. Una familia sagrada donde no hay grietas, ni conflictos. Todo es paz y amor.

Por supuesto, ningún detalle verde ni celeste, colores que el pasado año provocaron tantas grietas. Todo es blanco, blanco resplandeciente, recién sacado de la lavandería, por decir. Blanco superador. Blanco nada.

Cuando va terminando la entrevista se aparece Antonio Sola, el Durán Barba de Urtubey. Y se hace el gran pelotudo.

Andrés Gauffin

andresgauffin@gmail.com

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