Hay discriminaciones que se ven de inmediato. Otras, en cambio, se esconden en frases cotidianas, en gestos pequeños, en silencios institucionales. El edadismo pertenece a esta segunda categoría: es una forma de discriminación por edad que muchas veces se naturaliza, especialmente cuando se dirige contra las personas mayores. Aparece cuando se dice: “ya está grande”, “ya no entiende”, “ya no puede”, “a esta altura para qué”.