La aprobación de la reforma laboral no es apenas un episodio legislativo. Es un movimiento cultural. Es el intento de persuadir a una sociedad exhausta de que la protección es un estorbo y que la fragilidad puede convertirse en virtud. Es seguir luchando. Es insistir en que la justicia social no es un anacronismo sino una exigencia constitucional irreductible.
La foto reveladora de la visita a genocidas en el Penal de Ezeiza que compromete al grupo de 13 legisladores de La Libertad Avanza junto a un grupo de abogados, del cual se supo tiene como objetivo un pacto para beneficiar con la prisión domiciliaria a condenados torturadores y asesinos de la dictadura.