El Foro de Observación de la Calidad Institucional de Salta (FOCIS) hizo un diagnóstico más allá del castigo en el que advierte que encuadrar estos hechos únicamente como delitos intimidatorios resulta insuficiente. Si bien la gravedad es indiscutible, limitar la respuesta al plano policial o judicial invisibiliza la dimensión social y cultural que los atraviesa.
Detrás de cada amenaza, señalan, hay mensajes implícitos: jóvenes que reclaman ayuda para reconstruir su integridad, recuperar vínculos familiares, ser incluidos en la vida y sus oportunidades, y evitar la represión.
El lenguaje violento que domina la política, la economía y el deporte también se filtra en las aulas, generando un clima hostil que los estudiantes reproducen. El foro insiste en que las respuestas deben ser colectivas y participadas, evitando tentaciones autoritarias.
El diagnóstico apunta a un clamor juvenil que exige detener la violencia y construir un modelo educativo que sirva para la vida, en lugar de perpetuar discursos de odio y exclusión.
Propuestas para una educación en paz
El FOCIS plantea que la salida requiere inteligencia interdisciplinaria, mesura y voluntad política. Entre sus propuestas destacan:
Una revisión normativa: cuestionar resoluciones ministeriales que no reflejan la realidad de las escuelas y han sido superadas por nuevas formas de violencia.
Los recursos humanos y materiales: asignar especialistas y dotar al sistema educativo de infraestructura y programas de capacitación para el trabajo.
Una ley provincial de Educación en Paz: una norma que garantice recursos y estrategias para promover la paz en todos los niveles y modalidades educativas.
La participación democrática: fortalecer la organización de la comunidad educativa, incluyendo al estudiantado como actor esencial en la vida institucional.
El foro advierte que las respuestas deben ser colectivas y participadas, evitando tentaciones autoritarias. La pregunta que orienta el debate es clara: ¿Por qué amenazan los jóvenes? ¿Por qué cunde el malestar?
Sobre estos puntos sostiene y concluye que, solo al visibilizar y atender esos mensajes podrá construirse una educación que rescate los valores de la paz y la inclusión.








