Las amenazas que se multiplican en colegios secundarios de Salta, otras provincias y la Ciudad de Buenos Aires han encendido las alarmas de la sociedad y de la comunidad educativa. Su carácter espontáneo y su propagación en distintos puntos del país generan preocupación no solo por el riesgo inmediato, sino por lo que revelan acerca del malestar juvenil estudiantil.