Inicio Actualidad Megajuicio: afirman que Guil mandó a matar a un policía

Megajuicio: afirman que Guil mandó a matar a un policía

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Una testigo aseguró ayer que el policía Pedro Bonifacio Vélez, secuestrado y desaparecido desde el 27 de mayo de 1977, le dijo que si algo le pasaba era porque el ex jefe de Seguridad de la Policía, Joaquín Guil, lo había mandado matar.

Rosa Carmen Muruaga, que era pareja de Vélez, declaró en la quinta jornada del juicio oral y público que se sigue en esta ciudad en contra de 20 hombres acusados de haber cometido delitos de lesa humanidad en perjuicio de 34 personas.

La mujer recordó que Vélez le había contado que “si a él le pasaba algo era porque Guil lo había mandado a matar”. Sostuvo que el policía le advirtió que no hiciera la denuncia, y que huyera. “Me dijo que si le pasaba algo, me fuera, que desapareciera”, recordó la testigo.

Muruaga declaró el año pasado en el juicio oral y público por el secuestro y desaparición del ex gobernador Miguel Ragone. Allí contó que su pareja le confesó haber participado del secuestro y que el ex primer mandatario había sido asesinado. “Sé que él estuvo en el secuestro y muerte de Ragone”, afirmó en aquella declaración: “Un día llegó a casa y me contó que lo habían secuestrado al doctor Ragone. Solamente sé lo que me contó. Me dijo que lo habían secuestrado, matado y enterrado camino a San Lorenzo”, añadió.

Muruaga detalló que mientras convivió con Vélez no tuvieron un hogar fijo. Esta afirmación fue ratificada por Alejandro Vélez, hermano de Pedro, quien dijo que su hermano dormía en distintos lugares debido a que “siempre iban a buscarlo de noche” en la casa de sus padres.

Alejandro también aseguró que su hermano “tenía mucho contacto con Joaquín Guil, era algo así como su mano derecha” en Orán.
Otro que resultó señalado por los testigos fue el policía retirado Raúl Toledano, que está siendo juzgado aquí en relación a Vélez y ayer se constituyó en el único acusado que permaneció en la sala. Muruaga lo sindicó como uno de los “tres o cuatro” hombres que la madrugada del 27 de mayo del 77 fueron a buscar a Vélez del hotel Nápoli y se lo llevaron con destino desconocido hasta ahora.

Alejandro Vélez dijo estar convencido de que Toledano participó del secuestro porque esa noche fue a su casa a preguntarle por Pedro.
Vélez era radio operador y trabajó en la Central de Policía en Salta y también en Pichanal. En el norte tenía otra pareja, Carmen Nieto, con la cual tuvo un hijo. Ella fue secuestrada y desaparecida en mayo de 1976.

Otro hermano de la víctima, Jesús Vélez, que también era policía y se retiró con el grado de comisario mayor, contó que por su madre, María Angélica Sánchez de Vélez, sabe que la noche del secuestro un grupo de policías fue a buscarlo a su casa materna. Estaban Toledano, Carlos Palavecino, Narciso Leyva, el comisario principal Guari y “Pelusa” Sales. Salvo Toledano, todos están fallecidos.

A pesar de tener dos hermanos policías, Vicente Vélez y Jesús, la desaparición de Vélez no motivó más búsquedas que la de su madre. Esto fue reconocido por el propio Jesús, quien confesó que ni siquiera interrogó a sus compañeros de trabajo sobre los motivos por los que fueron a buscar a su hermano. “Como policía a mí me interesaba preservar la vida de mi familia, de mi mujer, de mis hijos”, se excusó ante la consulta del fiscal Ricardo Toranzos. Para explicarse solo añadió que se comentaba que había secuestros y asesinatos y que su madre decía que estaba involucrada la policía en la desaparición de su hermano.

Ratifican las amenazas a Jaime

El periodista Adolfo Salvador Sánchez sostuvo ayer que su colega Héctor Luciano Jaime había sido amenazado por miembros de la Policía de la provincia poco antes de que fuera secuestrado y asesinado.

Sánchez, que fue compañero de Jaime en el diario El Intransigente, recordó que el periodista le contó que una noche saliendo del Sindicato de Obreros y Empleados Municipales “un tal Toranzo le hizo una advertencia: dejá de hacer ciertas cosas’” y recordó que a Jaime le preocupó más de quién provenía esta amenaza. Es que Toranzo (ya fallecido) era parte del grupo de comisarios que actuaban junto a Joaquín Guil, una de las más figuras más emblemáticas de la represión ilegal en Salta.

Sánchez sostuvo que Jaime había recibido amenazas telefónicas también. Recordó en este sentido que dos o tres semanas antes de su desaparición había perdido su característica alegría y extroversión y se había convertido en un ser taciturno, apagado, a tal punto que “era evidente” que algo le preocupaba.

El periodista Néstor Quintana también recordó a Jaime como una persona amigable y divertida. “Era un buen periodista”, calificó. Y recordó que se reivindicaba peronista.

  • Infome: Elena Corvalán

    Periodista

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